El domingo recién pasado, como cosa muy inusual, me levanté a las 8 de la mañana... había quedado de desayunar en la casa de Aída para después ir a monitorear las manifestaciones del día. Desde que abrí los ojos tuve un flashazo de la noche anterior estando en un conocido changarrito del centro a donde a menudo vamos a morir aquellos a quienes la noche no suelta tan fácilmente... había llegado con un grupillo de amig@s y ahí nos encontramos a otros varios, estaban también algunos de los habituales (señores en el otoño de su vida que ya son parte del mobiliario), un grupo de chicas trasvestis y tres chavos machines que al parecer era su primera vez en ese lugar.
Nunca en todos mis finales en el cuchildril este había visto un conflicto de ningún tipo, pero esa noche, uno de estos primerizos se le puso al brinco a una de las chicas, acusándola de haberle tocado y gritándole cualquier clase de improperios de muy mala manera, como -andá a tocar a las basuras como vos!-. Muy tranquila y como toda una lady, la chica le dijo que no le había tocado nada y que mejor no se metiera con ella. Una cosa llevó a la otra y don machín le terminó propinando un golpe al acompañante de la señorita... ella, sin perder la postura, agarró el envase que tenía al lado, lo rompió con un golpe seco sobre la mesa y se le fue encima agarrándolo al estilo Kill Bill. De un segundo al otro, las 15 o 20 personas que estábamos ahí, en un espacio de 4x3, quedamos atrapados en medio de la encarnizada reprimenda, intentando proteger la cabeza de los litros voladores.
Las amigas, que estaban en el parque de enfrente, corrieron a la puerta dispuestas a tirarla y gritando que quitaran el candado y la cadena. Los de adentro, amontonados en donde pudimos, pedíamos que abrieran para salir y pedir auxilio... no sirvió ningún intento por detener el feroz contraataque, la ira animal había estallado descontrolada. Una mesera logró quitar el candado, pero en vez de que alguien pudiera salir, las otras chicas entraron enardecidas en defensa de su amiga, valiéndose de vidrios, tacones, tenedores, chirmol, sal y lo que hubiera al alcance... contar los detalles de lo que pasó sería amarillismo.
Al final pudimos salir y le avisamos a una patrulla que pasaba enfrente, pero yo ya no me quedé a ver el desenlace porque huimos de ahí peniqueados, con el corazón rebotando.
Fue toda una experiencia la del domingo en la madrugada... me di cuenta de lo mucho que me descompone y me aterra la violencia. También sentí un profundo respeto por la manera en que se defienden esas chicas entre sí, con lo que tengan a la mano y sin que se les corra ni el rimel... pensé en lo distante que es ese mundo de mí, con sus alegrías, sus dificultades, sus dolores y sus necesidades...
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Ese sábado en la mañana hubo una manifestación pacífica de la comunidad trasvesti-transexual y simpatizantes, que marchó desde el Ministerio Público al Palacio Nacional, parando en el Congreso y la PDH. Se celebraba el Día Internacional contra la Transfobia, y l@s chic@s, encabezadas por la Organización Trans Reinas de la Noche, exigían el reconocimiento de sus derechos como seres human@s, reivindicando su libertad de vivirse plenamente.
Toda la semana pasada el país estuvo conmocionado y alborotado por el asesinato y las declaraciones póstumas del Licenciado Rosenberg. Hubo manifestaciones de gente exigiendo la renuncia del presidente y/o que se hiciera justicia y se pusiera un alto a la ola de violencia, y otros que apoyaban a Colom y/o el respeto a la institucionalidad y al debido proceso. En fin que todo el mundo se manifestaba por algo.
Entre más vueltas le doy, más complicado me parece este rompecabezas...
Pienso en la paradoja de quien durante el día marchó por la reivindicación de sus derechos (sobre todo el de vivir sin ser violentada -de cualquier manera-) y en la noche pasa de ser víctima a victimari@, reaccionando de una manera completamente desproporcionada al momento concreto... claro que poniéndolo en contexto, en una sociedad que la excluye, que para tener otro trabajo que el de la calle le obliga a negarse, que la agrede y la mata, y en donde ha aprendido a defenderse -literalmente- con uñas y dientes; pienso en el odio que esa mujer atrapada en un cuerpo de hombre debe tener contenido, y entonces parece muy obvio porqué se defendió de esa manera.
Por otro lado me pregunto, ¿qué tan legítima es la voz de un pueblo que se manifiesta alrededor de un hecho aislado pidiendo paz y justicia -cualquiera que sea la postura-, en donde la mayoría vive el día a día indiferente a las condiciones injustas, a la pobreza, la violencia común, la opresión, exclusión y demás?, condiciones mismas que son la causa de tanto odio contenido por quien más las padece... pero también, por algún lado hay que empezar ¿no?
Y sobre la violencia común, la real y verdadera y no la del discurso, que fácil es desatarla y que difícil detenerla... ¿de qué manera cada quien es responsable, en la casa, en las relaciones, en la calle, en el gobierno, en los servicios y en cualquiera de sus manifestaciones?, ¿de qué manera la reproduzco yo?, ¿cómo romper el círculo en el cual todos transitamos de víctimas a victimarios?... definitivamente no es nada fácil, pero regresando a mi más profunda esencia new age, creo que el único camino posible es yendo de adentro hacia afuera.