El fin de semana pasado fui al concierto de Calle 13... si ya era un fan declarado, ahora piorrr! Me la pasé tan bien; brinqué, bailé, canté, grité, y creo que todos los presentes andábamos en las mismas. La calidad de la presentación fue inmejorable, sin caer en ningún tipo de ostentación de luces, super proyecciones y esas mamadas!, pero con la presencia de la banda entera, toda la música en vivo, la energía, las excelentes interpretaciones a cargo de Residente y pg-13 (la hermana menor), la excentricidad, la forma de vivirlas, en fin... Además del discurso, que se manifestó en algunas de las canciones con un profundo contenido social y reivindicativo - pura poesía urbana - y la previa introducción a las mismas.
Y como buen fan, estos días he estado surfeando en internet en busca de videos que no haya visto, noticias, anuncios y demás. Pues qué si de pronto me encuentro con esta maravilla de canción "Para un niño de la calle", interpretada en conjunto con la grande y única: Mercedes Sosa. La vieja guardia de la música de protesta cantando con las nuevas generaciones, que se definen por un estilo más urbano, callejero, desde la experiencia propia; dando como resultado esta maravilla de rola que mezcla lo mejor de dos estilos totalmente diferentes, pero con un mismo fin: la denuncia! No pude evitar pensar en Haroldo, quien vivía en las calles y falleció hace un par de semanas, y a quien todavía tengo la esperanza de encontrarme por ahí vendiendo sus cachibaches... así que se la dedico.
También me encontré el avance del documental de Calle 13 recién estrenado "Sin mapa", que documenta (valga la redundancia) un viaje de un mes a lo largo de Suramérica y que, según se ve, promete estar muy bueno. Aquí lo comparto:
En la nota anterior le entré, muy por encimita, a un tema que da para mucho más: el racismo en Guatemala. Tal ambigüedad me valió el comentario de un anónimo que me etiquetó como un "racista descarado", entre otras cosas. Sin necesariamente reaccionar a dicho comentario - que desde el hecho de venir de un desconocido que no se da el crédito, no merece mayor atención -, si me da pie para compartir algunas reflexiones.
Me parece que en Guatemala tenemos la mala maña de encerrarnos en grandes conceptos que responden a discursos elaborados por personas u organizaciones con agendas muy propias, que no nos dejan ahondar en problemáticas bastante más complejas. Por ejemplo, la maña de sectorizarnos en estos y aquellos, en malos y buenos, víctimas y victimarios, no nos deja ver dinámicas que se reproducen en todos los niveles y que son producto de males sociales que van más allá de una simple clasificación racial o sociológica.
Uno de estos males es el de prejuzgarnos desde la más vaga idea de lo que es "el otro". Así, si resulta que provienes de una "clase social" tal, o si tienes una opinión un poquito diferente a la predominante, automáticamente te caen encima un montón de etiquetas que probablemente están muy lejos de definirte como persona. En este caso, por ejemplo, el hecho de compartir una visión - si se quiere romántica - de la vida en las camionetas, para "anónimo" yo resulté ser un racista descarado, rico que se sube a las camionetas a observar para luego escribir pendejadas, que llama "m´ija" a la señora de la tienda, etc... no importando el gran conjunto de elementos que me constituyen como individuo. Esa actitud de prejuicio desde la ignorancia es, dicho sea de paso, la base más profunda del racismo.
Manías como descalificar la vocación revolucionaria del otro por su procedencia, o elevar una contradicción secundaria a un nivel principal, son algunos de los síntomas de lo que Lenin llamó "la enfermedad infantil de la izquierda", que en su opinión es incluso más perjudicial que el propio adversario, porque es como un cáncer que carcome desde dentro.
Un poco en la línea del desconocimiento del otro, hoy ví en el nuevo espacio cultural del centro histórico "Gran Hotel" (nótese el comercial), una peli mexicana genial, que ilustra mucho más clara y dramáticamente lo que estoy tratando de explicar: "La zona". A grandes rasgos, se trata de una especie de fortaleza residencial de gente muy poderosa construida al lado de un barrio marginal, sin tener la más mínima idea de esa realidad vecina, que un buen día es víctima de un hecho delincuencial.
Resulta que, por la desconfianza al sistema y con la defensa de su seguridad como estandarte, deciden tomar la justicia por su propia mano. Partiendo del desconocimiento absoluto, a causa de su aislamiento con el mundo circundante, comienzan una serie de reacciones desde la ignorancia, el miedo, el prejuicio, que los llevan a actuar de una manera irracional e inhumana; sin darse cuenta que, lejos de resolver el problema, más se cagan en ellos mismos y en los suyos.
El más breve contacto entre dos adolescentes - uno de los asaltantes y uno de los residentes de la zona -, transforma por completo la visión del otro y se produce un encuentro entre seres humanos, con experiencias y problemáticas totalmente diferentes, pero con un sentimiento que los une: el miedo.
En fin, no voy a contar la película entera porque mejor es verla y construir una opinión propia, pero el chiste es que a mí me dejó una fuerte sensación de opresión en el pecho y una gran impotencia que el llanto no pudo terminar de expulsar, porque todos los días me toca convivir con gente que al leer la noticia en nuestro diario de que encontraron el cadáver de alguien tatuado en un barranco, el comentario invariable es: "de plano se lo merecía"; o que aplauden cuando se enteran de un linchamiento, sin hacer el más mínimo intento por cuestionar toda la mierda del sistema que es causa de estos hechos tan terribles y de la cual todos estamos bien embarrados... cayendo en la más burda justificación y normalización de la violencia.
Mi reflexión es, que ese desconocimiento y prejuicio sobre el otro, aunque en la película se represente desde una situación muy concreta entre dos clases sociales tan cercanas y tan distantes, existe también en muchísimos ámbitos, entre "pares" incluso, y puede ser de doble, triple o cuádruple vía. Esos muros no son de concreto necesariamente, también se levantan desde la cabeza y nos aislan de la realidad del otro, pero eso sí, señalando y etiquetando sin otorgar, ni por asomo, el más mínimo beneficio de la duda.
En fin, sin pretender aterrizar en algún punto en concreto, lo único que se es que, sobre todo en Guatemala, sería bueno tener la inquietud de tratar de conocer un poco más del otro antes de construirnos una imagen absoluta en base a prejuicios y paradigmas creados por nosotros mismos en nuestro pequeño mundillo (del cual hasta a los más "alternativos" les cuesta salir)... de pronto es bueno tener el valor para cuestionar los propios mapas mentales, aunque cueste y aunque duela, porque finalmente - creo yo - ese es el chiste vivir: tener la capacidad de destruirnos y reconstruirnos constantemente, de dejarnos sorprender y seguir creciendo...
Me encanta moverme en camioneta! además de poder viajar tranquilo sin entrar en el frenetismo del tráfico, leyendo, contemplando, meditando; me parece que es una de las mejores maneras de no perder contacto con la realidad, con la vida cotidiana de la urbe... por eso renuncié al carro hace más de cuatro años. Después de haber crecido en un pueblo moviéndome a pie, y cuando era necesario, en "pesero" (como se llaman en México), llegué a la ciudad de Guatemala y de entrada carro - parecía imposible moverse de otra manera -, pero al tiempo me empezó a hacer falta el contacto ese que se vive en la calle y en las "burras", así que decidí deshacerme de él.
En las camios, por ejemplo, me he dado cuenta de lo desfasado que está el discurso del racismo y la discriminación en Guatemala. Para variar, aquí todo y todos somos una mierda! un país racista, discriminador, excluyente y bla bla bla, pues resulta que ya viviendo la calle me doy cuenta de que no es tan así (y ojo con el "tan así"). Talvez el Estado sigue funcionando sobre mecanismos que reproducen estos males y cierran espacios a ciertos sectores, pero el pueblo de a pie parece haberlos trascendido (con sus muchas excepciones). En la burra, donde se vive la interculturalidad del día a día, la cosa es muy diferente, la gente ya casi no establece estas distinciones; las señoras se juntan en los asientos y se van platicando, los jóvenes le ofrecen el asiento a los mayores, a las embarazadas o mujeres con niños (cuando se dignan), el brocha ayuda a subir los bultos; y no importa si este es ladino, indígena, chino o lo que sea... simplemente ocurre. Otra cosa es cuando lo que conviven son diferentes clases económicas, de la raza que sean. Como suele pasar, la realidad ha superado por mucho a la teoría imperante en las élites intelectuales que se dedican a diagnosticar al país desde sus escritorios... pero bueno, ya me estoy desviando del tema que son las camionetas, y esto daría para mucho...
Además de poder uno hacer sus propios diagnósticos, en las camios se viven todo tipo de situaciones, desde las muy terribles como un asalto - que afortunadamente no me ha ocurrido en lo que llevo de usarlas -, hasta las escenas más tiernas como una pareja de ancianos disfrutándose el viaje entre risas, besos y caricias... aquí algunas de las que me han tocado últimamente:
Hoy en al mañana el piloto traía puesto un disco con una muy buena selección de música. Cuando me subí estaba el buki con la de "Tu hombre perfecto", y ya venía yo pensando en lo que bien me ha dicho mi madre durante toda la vida (que es una de sus más fieles fans), que ese güey lo que canta es filosofía popular pura! cuando de pronto termina la canción y comienza, casi que como respuesta y muy elocuentemente, paquita la del barrio "Rata inmunda, animal rastrero, escoria de la vida, adefecio mal hecho..." jaaaajajaja, y como tres señoras por lo menos se ponen a cantarla con todo el sentimiento del caso. La filosofía popular tiene tantas maneras de expresarse pensé yo...
El otro día se sube un chino con un gran canasto y desde que le pidió permiso al piloto para vender, ya se podía intuir que se trataba de todo un personaje... bueno, pasó por el pasillo con una gran sonrisa, y con su mal hablado español decía "deliciosossssssssssss panecillos, pluebe sus delicioooosoossssss panecillos pala endulzalse la vida... señola, señol, pluebe su panecilloooo" y metía la cabeza entera en su canasto haciendo "mmmmmmmmmmmm" y la volvía a sacar estirándose para arriba como una serpiente llamada por la flauta hipnotizante de su encantador, lo que en este caso era el olor de los deliciosos panecillos lo que lo poseía de esa manera (que dicho sea de paso, en verdad eran deliciosos)... fue todo un performance.
La semana pasada se subió un tipo con un walkman, si!!! un walkman!!!!!!, de esos para escuchar cassettes de los que usaban una cintilla café que se enrollaba y desenrollaba de un lado a otro para reproducir la música, ¿se acuerdan? tenía años de no ver a alguien con una de esas reliquias... me quedé pensando en la vida de ese señor, ¿qué música estaría escuchando que todavía estaba en cassette? ¿qué música escuchaba en general? ¿cómo sería su casa? ¿estaría llena de antigüedades de ese tipo? en fin...
Ese mismo día un viejito le hizo la parada al bus con su credencial del programa de vejez y sobrevivencia en mano, para ejercer su derecho de viajar gratis, y el piloto, cuando lo vió, se pasó de largo. El viejito ya ni se sorprendió, ni le mentó la madre ni nada, al parecer ya estaba acostumbrado... no hay duda que hay de pilotos a pilotos, pero ¿qué dicen de nuestro país este tipo de actitudes tan recurrentes? sin duda que, generalizando, "los camioneteros" tienden a ser unos verdaderos hijos de puta, pero al final ni son los únicos, ni dejan de ser producto de un sistema que nos involucra a todos...
Y si, existe una falta de conciencia urbana y social que todavía nos hace mucha falta superar, y en la que todos estamos inmersos... y como no hay mejor manera que empezar por uno mismo, en el ánimo de comenzar a sentar nuevos paradigmas de urbanidad, hoy les digo a los señores conductores: tengan en cuenta que sea como sea, que si los pilotos son abusivos o no, que si manejan bien o mal, se paran a media calle a recoger gente o solo en las paradas, existe una máxima que me contó una amiga que traen escrita las "guaguas" cubanas en la parte de atrás, y que encierra un profundo contenido social, y dice: "llevo la vía porque traigo a la mayoría"
* Foto: "Niña en la camioneta" de Eny Roland Hernández Javier
El domingo en la madrugada me enteré de una noticia que me dio muchísima tristeza: la muerte de Haroldo. Desde hace rato que andaba mal... la última vez que lo vi estaba prácticamente en los huesos, tan débil que no podía ni hablar bien y lo tuve que ayudar a levantarse.
Aunque no creo que haya pasado los 15 o 16 años, su muerte era cuestión de tiempo... fue de esas vidas que desde el principio están condenadas a no durar mucho y por las que no se puede hacer mucho tampoco, lo que resulta más duro todavía.
Yo, al igual que muchos otros que nos consideramos sus amigos, no sabía tanto de él. Estaba ahí desde la primera vez que llegué a las Cien Puertas, vendiendo discos y dvd´s que nunca funcionaban, borradores, lapiceros, muñequitos, estampas, pulseras o cualquier otro cachibache que se encontrara por ahí tirado o "mal parqueado". Me quedarán de recuerdo varias de las cosas que le compré o que me regaló alguna vez.
Era como andrógino, de rostro lindo y estilo medio amanerado, lo que le daba un aire como de dandy callejero. Siempre con el corte de pelo bien fashion y a cada rato con un estilo diferente... por más que varios tratamos de hacerle confesar dónde o quién se lo cortaba nunca nos dijo, guardando tan empecinadamente el secreto que terminó diciendo que lo hacía el mismo, lo cual era material y corporalmente imposible.
Si pienso en él, lo primero que se me viene a la cabeza es su sonrisa llena de inocencia y dulzura, combinada con una mirada fuerte que cargaba toda la crudeza y la intensidad de la calle.
Su muerte pareciera encajar con el final de una era para muchos: el Pasaje, que se ha ido prostituyendo de un tiempo acá que se puso de moda, cada vez se pone más turbio y se refleja en su nuevo público violento y decadente; ya no dejan entrar a los vendedores ambulantes como Haroldo, que además de ser amigos, le dan ese aire de hogar, de lugar conocido; los que íbamos preferimos ya no ir, en fin...
Espero que si en verdad hay vida después de la muerte, se le haga justicia al haroldito y le toquen mejores condiciones que en esta... que esté por ahí sonriéndole al universo, con la misma dulzura e inocencia que la vida esa tan dura que le tocó en este mundo nunca le pudo quitar y que siempre nos compartió...
Siempre he sentido una especial debilidad por los "artistas malditos", esas almas atormentadas que buscan refugio en lo más sórdido y lúgubre. Bohemios que echan mano de drogas y alcohol para ayudarse a lidiar con éste mundo hostil que lastima... de una dulzura e inocencia incomprendidas, mutiladas... que logran transmitir con una intensidad única ese desmadre de amor y dolor que tortura. Artistas que, en su gran mayoría, no llegan a ver el fruto de su obra porque prefieren irse antes de tiempo... o en el tiempo preciso quizás.
Hoy me encontré con este homenaje fotográfico a una de las reinazas: Janis Joplin, acompañado por una de sus interpretaciones que más me remueven las tripas...