como me gusta pasar al lado del parque central en las tardes, justo cuando se está terminando de meter el sol. Entre los árboles que están sobre la sexta se oye el griterío eufórico de un montón de pájaros... no se sabe si se están despidiendo del sol o le están dando la bienvenida a la luna, o si igual solo celebran la transición entre luz y oscuridad, pero el chiste es que pareciera ser un momento de fiesta y chismorrería pajaril.
hay días en que la ciudad me parece de lo más hostil, y otros como hoy que desde que salgo en la mañana siento que cada esquina me sonríe, el sol prende bien fuerte los colores en las paredes, la gente está particularmente amigable y así...
a veces me dan ganas de salir corriendo, cuando me canso de tanto caos e intensidad, pero tengo claro que la extrañaría tremendamente... aquí convive todo el tiempo la realidad y la magia, realismo mágico que le llaman, con todas sus contradicciones y lecciones.
no hay conclusión entonces, solo diría que tengo ya un vínculo con la ciudad, de aquellos que te repelen y atraen, pero nomás no se destruyen...
jeje
viernes 27 de noviembre de 2009
y yo te quiero a ti como el universo que se expande, porque desde el primer momento se me reveló el secreto: que si abría mi corazón, en ti encontraría la magia...
todas las energías nos han traído a este momento, las corrientes de la vida...
La semana pasada tuve una de esas experiencias, podría decir, cósmicas...
Conocí a Iñigo en San Cristóbal antes de venir a vivir a Guatemala y de ahí no volví a saber más de él, se me perdió en el mapa. Ahora, diez años después, volvemos a coincidir. Encontré a través de su mirada todas las historias no vividas durante ese tiempo... el puente que se levanta entre antes y después. Y se siente todo tan familiar, nada es ajeno al Sebastián de hoy, que caminó por otras veredas.
Ahora viene acompañado de Nuri, pura magia que se suelta a carcajadas. Juntos son como dos gotas de agüita fresca que caen en los ojos, son pili y willy, duendes bailando en el espacio y el tiempo.
Desde hace un par de meses sentía que algo muy importante estaba por pasar, que había una desconexión en mi vida que tenía que ser resuelta, pero la verdad es que me tomó por sorpresa. Es como una sacudida cariñosa en medio de una larga siesta y apenas siento que voy saliendo del letargo. Ahora toca ordenar un poco el cuarto, recuperar lo aprendido y subir de nuevo al tren.
Estoy feliz... siento que es tanta vida, tanta gente y tantos lugares... "son momentos" diría la meches, que sueltos parecieran ser un desmadre de cristales rotos, pero juntos son un vitral impresionante que refleja miles de colores... no hace falta decir que estoy enamorado!
El fin de semana pasado fui al concierto de Calle 13... si ya era un fan declarado, ahora piorrr! Me la pasé tan bien; brinqué, bailé, canté, grité, y creo que todos los presentes andábamos en las mismas. La calidad de la presentación fue inmejorable, sin caer en ningún tipo de ostentación de luces, super proyecciones y esas mamadas!, pero con la presencia de la banda entera, toda la música en vivo, la energía, las excelentes interpretaciones a cargo de Residente y pg-13 (la hermana menor), la excentricidad, la forma de vivirlas, en fin... Además del discurso, que se manifestó en algunas de las canciones con un profundo contenido social y reivindicativo - pura poesía urbana - y la previa introducción a las mismas.
Y como buen fan, estos días he estado surfeando en internet en busca de videos que no haya visto, noticias, anuncios y demás. Pues qué si de pronto me encuentro con esta maravilla de canción "Para un niño de la calle", interpretada en conjunto con la grande y única: Mercedes Sosa. La vieja guardia de la música de protesta cantando con las nuevas generaciones, que se definen por un estilo más urbano, callejero, desde la experiencia propia; dando como resultado esta maravilla de rola que mezcla lo mejor de dos estilos totalmente diferentes, pero con un mismo fin: la denuncia! No pude evitar pensar en Haroldo, quien vivía en las calles y falleció hace un par de semanas, y a quien todavía tengo la esperanza de encontrarme por ahí vendiendo sus cachibaches... así que se la dedico.
También me encontré el avance del documental de Calle 13 recién estrenado "Sin mapa", que documenta (valga la redundancia) un viaje de un mes a lo largo de Suramérica y que, según se ve, promete estar muy bueno. Aquí lo comparto:
En la nota anterior le entré, muy por encimita, a un tema que da para mucho más: el racismo en Guatemala. Tal ambigüedad me valió el comentario de un anónimo que me etiquetó como un "racista descarado", entre otras cosas. Sin necesariamente reaccionar a dicho comentario - que desde el hecho de venir de un desconocido que no se da el crédito, no merece mayor atención -, si me da pie para compartir algunas reflexiones.
Me parece que en Guatemala tenemos la mala maña de encerrarnos en grandes conceptos que responden a discursos elaborados por personas u organizaciones con agendas muy propias, que no nos dejan ahondar en problemáticas bastante más complejas. Por ejemplo, la maña de sectorizarnos en estos y aquellos, en malos y buenos, víctimas y victimarios, no nos deja ver dinámicas que se reproducen en todos los niveles y que son producto de males sociales que van más allá de una simple clasificación racial o sociológica.
Uno de estos males es el de prejuzgarnos desde la más vaga idea de lo que es "el otro". Así, si resulta que provienes de una "clase social" tal, o si tienes una opinión un poquito diferente a la predominante, automáticamente te caen encima un montón de etiquetas que probablemente están muy lejos de definirte como persona. En este caso, por ejemplo, el hecho de compartir una visión - si se quiere romántica - de la vida en las camionetas, para "anónimo" yo resulté ser un racista descarado, rico que se sube a las camionetas a observar para luego escribir pendejadas, que llama "m´ija" a la señora de la tienda, etc... no importando el gran conjunto de elementos que me constituyen como individuo. Esa actitud de prejuicio desde la ignorancia es, dicho sea de paso, la base más profunda del racismo.
Manías como descalificar la vocación revolucionaria del otro por su procedencia, o elevar una contradicción secundaria a un nivel principal, son algunos de los síntomas de lo que Lenin llamó "la enfermedad infantil de la izquierda", que en su opinión es incluso más perjudicial que el propio adversario, porque es como un cáncer que carcome desde dentro.
Un poco en la línea del desconocimiento del otro, hoy ví en el nuevo espacio cultural del centro histórico "Gran Hotel" (nótese el comercial), una peli mexicana genial, que ilustra mucho más clara y dramáticamente lo que estoy tratando de explicar: "La zona". A grandes rasgos, se trata de una especie de fortaleza residencial de gente muy poderosa construida al lado de un barrio marginal, sin tener la más mínima idea de esa realidad vecina, que un buen día es víctima de un hecho delincuencial.
Resulta que, por la desconfianza al sistema y con la defensa de su seguridad como estandarte, deciden tomar la justicia por su propia mano. Partiendo del desconocimiento absoluto, a causa de su aislamiento con el mundo circundante, comienzan una serie de reacciones desde la ignorancia, el miedo, el prejuicio, que los llevan a actuar de una manera irracional e inhumana; sin darse cuenta que, lejos de resolver el problema, más se cagan en ellos mismos y en los suyos.
El más breve contacto entre dos adolescentes - uno de los asaltantes y uno de los residentes de la zona -, transforma por completo la visión del otro y se produce un encuentro entre seres humanos, con experiencias y problemáticas totalmente diferentes, pero con un sentimiento que los une: el miedo.
En fin, no voy a contar la película entera porque mejor es verla y construir una opinión propia, pero el chiste es que a mí me dejó una fuerte sensación de opresión en el pecho y una gran impotencia que el llanto no pudo terminar de expulsar, porque todos los días me toca convivir con gente que al leer la noticia en nuestro diario de que encontraron el cadáver de alguien tatuado en un barranco, el comentario invariable es: "de plano se lo merecía"; o que aplauden cuando se enteran de un linchamiento, sin hacer el más mínimo intento por cuestionar toda la mierda del sistema que es causa de estos hechos tan terribles y de la cual todos estamos bien embarrados... cayendo en la más burda justificación y normalización de la violencia.
Mi reflexión es, que ese desconocimiento y prejuicio sobre el otro, aunque en la película se represente desde una situación muy concreta entre dos clases sociales tan cercanas y tan distantes, existe también en muchísimos ámbitos, entre "pares" incluso, y puede ser de doble, triple o cuádruple vía. Esos muros no son de concreto necesariamente, también se levantan desde la cabeza y nos aislan de la realidad del otro, pero eso sí, señalando y etiquetando sin otorgar, ni por asomo, el más mínimo beneficio de la duda.
En fin, sin pretender aterrizar en algún punto en concreto, lo único que se es que, sobre todo en Guatemala, sería bueno tener la inquietud de tratar de conocer un poco más del otro antes de construirnos una imagen absoluta en base a prejuicios y paradigmas creados por nosotros mismos en nuestro pequeño mundillo (del cual hasta a los más "alternativos" les cuesta salir)... de pronto es bueno tener el valor para cuestionar los propios mapas mentales, aunque cueste y aunque duela, porque finalmente - creo yo - ese es el chiste vivir: tener la capacidad de destruirnos y reconstruirnos constantemente, de dejarnos sorprender y seguir creciendo...