sábado, 15 de agosto de 2009
teatro y vida
miércoles, 17 de junio de 2009
tormentas y calmas
Comenzó la temporada de lluvias, la época más contrastante en el país de los contrastes. Tormenta y calma todos los días.
Entreteniéndome en las formas que las gotas dibujan al resbalar por el vidrio de la ventana, con el gris de fondo que opaca el verde, la cabeza encuentra oportunidad de perderse en una intensa paja mental destinada a no llegar nunca al orgasmo.
Llamo a una amiga que desde hace varios días se encuentra profundamente deprimida, en un acto de tácita complicidad que de alguna manera nos reconforte a ambos. Me reclama que ella no pidió vivir esta historia. Me dice que se siente incapaz de adecuarse a los vertiginosos cambios del mundo de hoy, que no puede manejar la explosión de información y desinformación a la que estamos expuestos día tras día.
Yo, tratando más de convencerme a mi mismo que a ella, le contesto que la virtud primigenia del ser humano, la más elemental, que nos hermana a todos los seres vivos de este planeta, es nuestra capacidad para adaptarnos al entorno. Que así son las cosas, que es así como funciona y que en vez de preguntarse porqué, lo más sano es vivir buscando el cómo.
Estando tan cerca del clímax mental, a punto de experimentar los estertores propios de tal estado, que finalmente conducen a ese momento de paz y relajación, de olvido, de elevación; me pierdo en otra pregunta que me aleja del objetivo final, pero no tanto que me deje caer en la flacidez que obliga a abandonar la faena: ¿Será que la “civilización” ha alterado de tal manera los procesos de la vida que esta virtud natural se encuentre superada por la celeridad del ritmo? Sin duda que, aún que no fuera así, cada vez la tarea de adaptarse se vuelve más compleja y más cansada.
Desde mi escritorio, casi involuntariamente, me entero de los grandes y pequeños problemas que sacuden al mundo entero, que si estos atacan a los otros, que murieron tantos, que si se cayó el avión, que el incendio, el terremoto, la crisis, el hambre, el dolor; que si abusó de su hija por 25 años, que los últimos escándalos de las estrellas...
Me arrepiento de aconsejarle a mi amiga que no es bueno ser tan fatalista y me inquieta pensar que vivir sea realmente el lento y doloroso suicidio de la esencia, que más que una oportunidad, sea un desafío obligado. Todo depende del lente con que se mire.
De pronto un trueno retumba y vuelvo en mí, ahí estoy parado frente a la ventana que separa a la tormenta de afuera de la de adentro, esperando, esperando, consolándome en la única certeza indiscutible: que tarde o temprano la calma tendrá que volver.
viernes, 20 de junio de 2008
herencias
Algunos han pensado que somos novios, otros que somos gemelos, y algunos otros, después de un buen tiempo de conocernos, exclaman -aah! ustedes son hermanos?-, en fin... Volviendo a lo del momento de iluminación ese, resulta que entre cosa y cosa terminamos hablando sobre los parecimientos entre nosotros y nuestros padres. Y he ahí la manifestación de vida: después de pasar buena parte de mi existencia haciendo mis mejores esfuerzos por parecerme a mi padre, o por reafirmar según yo las cosas que me identifican con él; me dí cuenta, con ayuda de la interlocución con mi hermana, que a quien verdaderamente me parezco, en esencia, es a mi madre!!!
Prueba de estas "afinidades" existentes, es que Cecilia siempre ha tenido más choques con mi padre, y yo los he tenido con mi nana... la pura negación de lo que, en el fondo sabemos, somos nosotros mismos, jeje... (además, muy en complejo de Edipo, cuando era chiquito le decía a mi madre que de grande me quería casar con ella).
Todavía me cuesta un poco de trabajo aceptar que en vez de ser -repito, en esencia- el ser analítico, racional, megaintelectual y demás que es mi padre, tiro más hacia la sensibilidad y profundidad new age de mi madre (que no deja de ser analítica...). Y no es que me parezca malo, porque de hecho muchas veces ella me ha parecido más sabia en las cosas de la vida, de la humanidad, que mi padre, cuya inteligencia emocional he puesto en duda en infinidad de ocasiones. No sé, talvez soy, y todos somos, un "crisol" de nuestros progenitores, porque sin duda hay un poco de uno y un poco de otra, aunque la balanza pese más de un lado determinado...
Me parece un poco frickeante la idea de que los seres humanos seamos tan predecibles, y que el punto de partida sean nuestros propios padres!!! (ya sé que eso está plenamente demostrado por la psicología, la ciencia y demás, pero es diferente cuando lo interiorizas, y más aún estando borracho); pero por otro lado, el hecho de poder observar rasgos tuyos desde fuera, definitivamente te ayuda a entender muchas de tus manías, virtudes y defectos...
Pero bueno, todas estas reflexiones que comenzaron en una noche de copas, me han ayudado a tomar una decisión trascendental: dejar de pelear tanto con la imagen de mis padres y estudiarlos minuciosamente, quién sabe si todavía estoy a tiempo de corregir parte de su herencia que me pesa, y de potenciar parte de sus incontables virtudes!!...
